A la rica limonada.. “ chef experto ”

La limonada semanasantera, la limonada de León, no es, mal que le pese a algunos, un refresco como la sangría, que se hace con agua, vino y trozos de fruta para solaz veraniego de las familias que rezan unidas. La limonada a la que los leoneses han atribuido la virtud mágica de hacer desaparecer a aquellos judíos «malos» que acabaron con la vida del hijo de Dios en tiempos de Poncio Pilatos es una bebida femeninamente engañosa, un brebaje de delicioso trago, de suave apariencia y de peligrosos efectos, pues contiene mucho grado alcohólico, al potenciar los azúcares las cualidades del vino. La limonada de León, la buena, no lleva agua que la rebaje, se hace con vino tinto, pero el tinto que se tomaba en León en tiempos pasados, el que llegaba directamente a las tabernas capitalinas en pellejos y cubas desde Valdevimbre, los Oteros y Valderas, con la alegre burbuja carbónica del Prieto Picudo llenándolo de originalidad. En ese vino se pone azúcar, pero no a cucharadas, previamente hay que disolverla en agua, hacer con ella un almíbar, para que el dulzor sea totalmente uniforme. Luego se debe añadir zumo de limón, varios limones en rodajas, y fruta en pequeños trozos, dicen los entendidos que entre ella no deben faltar nunca los plátanos y los higos seco, un poquito de canela, poquito… y a dejar que la mezcla macere en la oscuridad de la bodega o la despensa.. Contamos esto, que saben de sobra todos los leoneses que elaboran limonada para el consumo particular, ya que, en los establecimientos públicos, el Ministerio de Sanidad pone muchas pegas para que este brebaje casero pueda expenderse sin problemas, porque durante la cata en un reciente concurso de «Limonadas», celebrado en la capital con motivo de la pasada Semana Santa, se confundía sin ningún rubor la Limonada Leonesa (así, con mayúsculas) con la sangría y sus variantes regionales, un refresco sin más pretensiones que, si bien coincide en el sabor frutal, poco tiene que ver con la recia limonada que alguien inventó, sin duda, para animar a los cofrades penitentes a soportar el peso de los pasos que portan a sus hombros. Es, por tanto, una bebida vigorosa que se toma con deleite y que levanta los ánimos de quien la bebe y también ayuda a levantar las andas de los pasos a los papones leoneses.

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